Las «colinde» y la literatura folclórica rumana (con una traducción inédita al español)

 

El folclore rumano constituye una de las tradiciones textuales de tipo popular más importantes a nivel europeo. La riqueza y variedad de composiciones, temas, tópicos, motivos e imágenes que recoge se debe a la localización estratégica del pueblo rumano, en los Balcanes, actuando como puente entre Europa y Oriente, de manera que ha sabido absorber y aprovechar el imaginario de ambas tradiciones hasta hacerlos converger en formas cuando menos peculiares.

La literatura folclórica rumana es tan diversa en composiciones como diferentes fueron los rituales y ceremonias de la vida social del pueblo rumano, que las creaba, las ejecutaba, las transmitía y las aprendía en distintos contextos y circunstancias. Entre todas ellas, las colinde son las únicas composiciones que todavía hoy en día se siguen transmitiendo en la oralidad como antaño, y con el mismo valor simbólico y de celebración que han tenido desde su creación, al igual que los villancicos navideños para el caso de nuestra literatura.

El colind, del latín ‘kalendae’ a través del eslavo koleda, es un canto tradicional folclórico de tipo épico-lírico, en verso, cuya función era puramente performativa, pues solía ejecutarse en el contexto de un festejo o un evento ceremonial, ocasional o de estación, sobre todo en Navidad y Año Nuevo. Inicialmente, estas composiciones también tenían una función ritual, ya no solo en ámbito espiritual, sino también para favorecer la fertilidad o alimentar otras creencias primitivas. Son un fruto de la simbiosis cultural precristiana con elementos de la aculturación cristiana en la zona mediterránea entre los siglos III y VII; una forma de culto ligada al año agrario, a la llegada de la primavera.

Temáticamente, las colinde abarcan una cantidad tal de temas y motivos que se pueden clasificar según la profesión o ámbito al que se asocian, según los elementos mitológicos que evoca, según el ámbito religioso que cubre (cosmología, escatología, etc.). Hay composiciones de tipo religioso y también de tipo profano, pero muchas veces la línea divisoria entre ambos extremos no está netamente definida, ya que muchos elementos del imaginario religioso y elementos del profano se funden y alternan nutriendo mutuamente ambas tradiciones. Los folcloristas rumanos han identificado más de doscientos motivos narrativos, de los cuales unos sesenta son de circulación universal.

Formalmente, estas composiciones se caracterizan por su brevedad y sencillez pero un ritmo y una musicalidad bien construidos, muchas veces incluso mediante paralelismos y estribillos. La acción relatada en estas composiciones, al igual que sucede en las demás tradiciones literarias populares de Europa, es el resultado del equilibrio entre la relativa simplicidad estructural y la intensidad de imágenes y símbolos que emplea. El procedimiento propiciatorio en la poesía de los villancicos rumanos es poner de relieve mediante un relato alegórico o unas imágenes hiperbólicas (combinando los planos de lo real y lo fabuloso), las cualidades de la persona a la que se le cantan los villancicos. Con el deseo de embellecer y enaltecer cada vez más la tradición, el repertorio de los villancicos fue y sigue enriqueciéndose con un sinfín de argumentos y motivos de la mitología cristiana, apócrifa y canóniga, creaciones épicas, baladas, etc. (Arturo López Martínez)

Colindița

Colindița nu-i mai multă,
Sa trăiască cine-ascultă,
Sus la ceruri o înălțăm
Și la gazde o-nchinăm.

O-nchinăm cu veselie
Si cu mare bucurie,
C-am ajuns seara de-Ajun
A bătrînului Crăciun.

Sus mai sus v-am înălțat,
Ce-am știut noi v-am cîntat.

Să rămîneți sănătoși,
Sănătoși si bucuroși,
C-am ajuns seara cea sfîntă
Cînd colindele se cîntă.

Sărbătoarea lui Hristos
Să vă fie de folos!

El villanciquito

El villanciquito y nada más,

Porque viva quien lo escuchará,

Arriba a los cielos lo elevamos

A los huéspedes lo dedicamos.

Lo dedicamos con mucho amor

Y con alegría verdadera,

Porque ya llegó la Nochebuena,

Que es la noche de nuestro Señor.

Como lo aprendimos, lo cantamos

y cada vez más alto os loamos.

Porque duren mucho vuestras vidas,

Llenas de salud y muchas risas,

Porque ya llegó la noche santa,

Cuando todo el mundo canta.

Es la fiesta del Señor

¡Que os cuide el corazón!

La portada de una partitura de Bela Bartók, publicada en Viena en 1935. Villancicos rumanos en la interpretación de un gran músico